Thekchen Chöling, Dharamsala, Himachal Pradesh, India. Esta mañana, el sol brillaba en un cielo azul despejado y las cumbres del Dhauladhar, al fondo, estaban cubiertas de nieve recién caída cuando Su Santidad el Dalái Lama llegó a la puerta de su residencia. Se dirigía al Tsuglagkhang, el Templo Tibetano Principal, donde se celebrarían oraciones por su larga vida. Poco antes de llegar a la puerta, se acercaron a saludarlo representantes de las tres entidades que ofrecían la ceremonia: el Instituto Norbulingka, el Instituto Tibetano de Artes Escénicas (TIPA) y la Asociación Tibetana de Lhamo de Nepal.

Unas 5000 personas se habían congregado en el templo y en el patio para participar en las oraciones. Al llegar a la entrada del patio, Su Santidad bajó del carrito de golf para continuar a pie hasta el templo. Lo recibieron bailarines de Tashi Shölpa y danzantes disfrazados de leones de las nieves y yaks, que actuaban al son de los cantos y los tambores.
Del dosel que cubría el patio colgaban exuberantes guirnaldas de flores. La tradicional alfombra roja que recorría el centro del patio estaba adornada, además, con una serie de símbolos auspiciosos pintados sobre tela roja. Mientras los monjes que acompañaban a Su Santidad hacían sonar sus cuernos, los artistas del TIPA le daban la bienvenida con cantos y danzas. Al pie del templo, se detuvo a contemplar a otro grupo de bailarines que actuaba con especial energía. Los artistas del TIPA siguieron cantando y bailando mientras Su Santidad entraba en el templo y tomaba asiento en el trono.
Ling Rinpoché, que presidía las ceremonias de ese día, estaba sentado frente a Su Santidad. A su derecha se encontraba el abad del Monasterio de Namgyal, el geshe Lobsang Samten, y a su izquierda, el Dorjé Lobpön, Lobsang Dhargyey.

El ritual de hoy se basó en una práctica de Amitayus titulada «Extracción de la esencia pura», compuesta por el Gran Quinto Dalái Lama tras una visión de Guru Padmasambhava en la forma de Amitayus. Se invocó a las ocho manifestaciones de Guru Rinpoché y a Khandro Yeshe Tsogyal. Tras una alabanza a las Tres Joyas, se recitó «Nubes de bendiciones de ambrosía», una oración que evoca la sublime sucesión de vidas anteriores de Su Santidad: treinta y seis en la India y otras tantas en el Tíbet, entre ellas las de los primeros reyes del País de las Nieves.
Entre las estrofas dedicadas a Su Santidad figuran las siguientes:
A ti, que naciste de forma prodigiosa en Taktser,
conforme a las predicciones de Shridevi (Palden Lhamo),
cerca del lugar de nacimiento de Guru Manjunath (Jé Tsongkhapa),
en Dhomay (Amdo), en una familia originaria del Tíbet central, te rogamos.
Tú solo llevas a cabo las actividades perfectas de los sublimes budas.
Tienes el poder de mantener, preservar y difundir
todas las enseñanzas del Buda, sin distinción.
Jampel Ngagi Wangpo (dotado de la palabra de Manjushri), a ti te rogamos.
Por tu saber y comprensión, eres comparable a los Seis Ornamentos y los Dos Supremos;
por tu observancia de la disciplina monástica, igualas al arhat Upali;
por tus actividades perfectas, eres el Victorioso Tsongkhapa en persona.
Lobsang Yeshe (intelecto y sabiduría excelentes), a ti te rogamos.
Por promover con compasión el camino de la no violencia,
has recibido los más altos galardones por la paz.
Respetado en todo el mundo, eres Kalachakra en persona.
Precioso Tenzin Gyatso (sostenedor de las enseñanzas, vasto como el océano), a ti te rogamos.
Las oraciones se interrumpieron brevemente para servir té y arroz dulce a los asistentes.
El ritual continuó con prácticas para eliminar los obstáculos, establecer el círculo de protección, suplicar a los maestros del linaje, bendecir las sustancias de larga vida y las tormas, visualizar a Amitayus y bendecir las ofrendas de tsok, entre otras. A continuación se recitó una sección destinada a rechazar la seducción de las cinco clases de dakinis, basada en un sueño de Terdag Lingpa, estrecho colaborador del Gran Quinto Dalái Lama. Sus estrofas evocan las cualidades del lama y concluyen con la súplica «que permanezcas firme entre nosotros».

La ofrenda de larga vida propiamente dicha comenzó con una súplica a los maestros del linaje, seguida de la presentación de las sustancias de larga vida. Ling Rinpoché ofreció a Su Santidad la flecha de larga vida, que este agitó ante sí. Acompañado por representantes de las entidades patrocinadoras, Rinpoché presentó después una ofrenda de mandala y pidió a Su Santidad que, por compasión, permaneciera largo tiempo entre nosotros. A continuación, le ofreció una estatua de Tara Blanca, un texto sagrado y una estupa, símbolos del cuerpo, la palabra y la mente de los seres iluminados. Después presentó el licor y las píldoras de larga vida, los ocho símbolos auspiciosos, los siete emblemas de la realeza y las ocho sustancias auspiciosas. Mientras tanto, los patrocinadores, muchos de ellos con estatuas en las manos, avanzaban en una fila que pasaba con rapidez ante el trono de Su Santidad y atravesaba el templo.
Se recitó la oración por la larga vida de Su Santidad compuesta por sus tutores. Miembros de la Asociación Tibetana de Lhamo de Nepal ofrecieron estatuas de Thang-tong Gyalpo, considerado el fundador de la tradición de la ópera tibetana, de Milarepa y del rey Songtsen Gampo.
La siguiente oración por la larga vida de Su Santidad fue «La melodía del néctar de la inmortalidad», compuesta por Jamyang Khentsé Chökyi Lodro. También se le ofrecieron una thangka de Yamantaka Amarillo confeccionada con apliques de tela y una pintura de Tara Blanca.
Los artistas del TIPA interpretaron una canción por la larga vida de Su Santidad y otra compuesta para celebrar su nonagésimo cumpleaños. Por su parte, la Asociación Tibetana de Lhamo de Nepal cantó una canción para conmemorar su quincuagésimo aniversario.

Tras una oración a Guru Padmasambhava, se recitó la «Exhortación a las deidades guardianas, protectoras del Tíbet, para que actúen», que Su Santidad compuso a principios de la década de 1970. Concluye con la siguiente estrofa:
¡Prolongad la vida del protector del País de las Nieves
y la de los nobles sostenedores de las enseñanzas!
¡Haced que las enseñanzas florezcan y que los seres, tan ilimitados como el espacio, prosperen felices!
¡Y que todos los deseos se cumplan espontáneamente!
Se presentó a Su Santidad una ofrenda de mandala, junto con los símbolos del cuerpo, la palabra y la mente de los seres iluminados, en agradecimiento por haber aceptado la petición de permanecer largo tiempo entre nosotros.
Como parte del cierre de la ceremonia, se recitó «El armonioso canto de verdad del sabio: oración para el florecimiento de las enseñanzas no sectarias del Buda», compuesta por Su Santidad. Muchas de sus estrofas terminan con el verso: «¡Que estas enseñanzas del Buda florezcan por mucho tiempo en el País de las Nieves!». Hacia el final, Su Santidad escribió:
¡Que en todos los mundos se erradiquen por completo las guerras, los conflictos,
las hambrunas y los pensamientos y actos dañinos, hasta que ni siquiera se oigan sus nombres!
¡Que el amor impregne la mente de todos los seres y que la virtud se manifieste cada vez más en ellos y en su entorno!
¡Y que un océano de felicidad y bienestar colme todo el espacio!
En suma, mientras perdure el espacio
y mientras haya sufrimiento entre los seres,
que también yo permanezca para procurarles beneficio y felicidad
por todos los medios, tanto directa como indirectamente.
A la «Oración de las palabras de verdad» le siguieron los versos de dedicación de la «Oración de Samantabhadra».

Tanto al caminar del templo al ascensor como al recorrer después el patio en un carrito de golf descubierto, Su Santidad sonreía y saludaba alegremente con la mano a quienes, entre la multitud, intentaban cruzar la mirada con él.










