Shewatsel, Leh, Ladakh, India. Esta mañana se ofrecieron oraciones por las víctimas de las recientes y devastadoras inundaciones en la región de Rasuwa, en Nepal, y en Kyirong, en el Tíbet, que han causado una gran pérdida de vidas, un inmenso sufrimiento y la destrucción de viviendas e infraestructuras.
Su Santidad añadió: «Amigos, recemos todos por quienes sufren en Nepal y el Tíbet a causa de este terrible desastre, tanto por los fallecidos como por los supervivientes».

Se hizo un anuncio invitando a los asistentes a sumarse a estas oraciones y a rezar también por la larga vida de Su Santidad el Dalái Lama durante una ceremonia organizada por la Asociación Budista de Ladakh (LBA), la Asociación de Gonpas de Todo Ladakh (ALGA) y la comunidad tibetana de Ladakh. La ceremonia tuvo lugar en el recinto de enseñanzas de Shewatsel, cerca de Choglamsar, Leh, y contó con la asistencia de unas 25.000 personas.
Su Santidad se desplazó desde su residencia, situada en el extremo más alejado del recinto, hasta el pabellón de enseñanzas, sonriendo y saludando con la mano mientras los asistentes se agolpaban junto a la valla para verlo pasar. Al llegar al pabellón, un grupo de percusionistas ladakhíes, de pie ante sus tambores, le dio una cálida bienvenida, mientras varios grupos de laicos y monjes hacían sonar sus cuernos.

Una vez que Su Santidad ocupó su asiento en el estrado, algunos asistentes se postraron ante él para mostrarle su respeto. Las oraciones comenzaron bajo la dirección de Drukpa Thuksé Rinpoché. A continuación, miembros de las organizaciones responsables de la ceremonia desfilaron ante el estrado, mientras Rinpoché ofrecía a Su Santidad una bufanda ceremonial de seda. Después se recitó la «Oración de las siete ramas», perteneciente a la «Oración de Samantabhadra», conocida como el «Rey de las oraciones». Seguidamente se realizó una ofrenda de tsog, de la que Su Santidad tomó una porción.
Thuksé Rinpoché ofreció un mandala, que Su Santidad aceptó antes de tomar una pizca de grano y arrojarla al aire. Rinpoché presentó después los símbolos del cuerpo, la palabra y la mente del Buda: una estatua, un texto sagrado y una estupa.
A continuación, ofreció las dos túnicas monásticas amarillas, el namjar y el chögö; una prenda inferior llamada shamthab; el sombrero de pandit; una esterilla para sentarse, conocida como dingwa; un cuenco de limosnas lleno de fruta, y un bastón monástico o kharsil, utilizado para avisar a los habitantes de una casa de que un monje ha llegado a su puerta para pedir limosna.
También presentó los siete emblemas de la realeza —la rueda preciosa, el elefante precioso, el caballo precioso, la joya preciosa, la reina preciosa, el ministro precioso y el general precioso—; los ocho símbolos auspiciosos —el parasol, los peces dorados, el jarrón, el loto, la caracola blanca, el nudo infinito, el estandarte de la victoria y la rueda del Dharma—, y las ocho sustancias auspiciosas: una caracola que gira hacia la derecha, yogur, hierba durva, polvo de bermellón, fruto de bilva, un espejo, una sustancia medicinal y semillas de mostaza blanca.

La procesión de ofrendas concluyó con la aparición de un anciano de cabello blanco, vestido también de blanco, que simbolizaba la longevidad. A continuación, se recitó la extensa oración por la larga vida de Su Santidad compuesta por sus dos tutores y titulada «Canto de inmortalidad». Thuksé Rinpoché, otros representantes de las organizaciones convocantes y el anciano se acercaron para recibir la bendición de Su Santidad.
Su Santidad declaró:
«Creo que también debemos rezar para que las enseñanzas del Buda florezcan en el Tíbet y en China continental; es decir, tanto en los lugares donde estuvieron arraigadas pero han perdido fuerza como en aquellos a los que todavía no han llegado. Recemos todos para que la tradición budista que hemos conservado perdure y siga floreciendo. En el Tíbet mantuvimos una tradición muy pura, que hoy despierta interés en muchos lugares. Rezaré para que las enseñanzas del Buda continúen extendiéndose y prosperando.
»En nuestros días, cada vez más personas se interesan por el budismo. En la región del Himalaya, tanto los laicos como los monásticos sienten una fe y una devoción profundas por las enseñanzas. Nuestra tradición es vasta y profunda. Recemos para que también continúe floreciendo entre el pueblo chino.
»Procuro llevar mi práctica a la vida cotidiana de la manera más concreta posible. Vosotros también deberíais hacer lo mismo: no os limitéis a hablar de la tradición, sino esforzaos, en la medida de vuestras posibilidades, por poner las enseñanzas en práctica».

Su Santidad anunció entonces que transmitiría oralmente varios mantras. Pidió a los asistentes que los repitieran tres veces después de él y recitó el mantra del Buda —Om muni muni maha muniye svaha—, el de Avalokiteshvara —Om mani padmé hung—, el de Manjushri —Om ara patsa nadhi—, el de Arya Tara —Om taré tutaré turé svaha— y el de Guru Rinpoché —Om ah hung vajra guru padma siddhi hung—.
«Que los méritos que hemos acumulado aquí nos permitan alcanzar el estado iluminado de un buda —rezó Su Santidad—, para que también podamos conducir a otros hacia ese estado. Las enseñanzas del Buda están firmemente arraigadas entre nosotros. Esperemos que el interés por la filosofía budista siga extendiéndose en la India, China, Occidente y África.
»Recitemos ahora juntos Om mani padmé hung, el mantra de Avalokiteshvara, por quienes han fallecido y por quienes continúan sufriendo a causa de las terribles inundaciones de Rasuwa, en Nepal, y Kyirong, en el Tíbet».
Después se reanudó la Oración a los Dieciséis Arhats o Ancianos. Cada estrofa invocaba a uno de ellos y se repetía tres veces, mencionando los objetos que sostenía en las manos y el lugar donde, según la tradición, residía:
Homenaje a Angaja, que mora en el gran monte Ti-Se rodeado de 1.300 arhats; a Ajita, en el monte Rishi, rodeado de 100 arhats; a Vanavasin, en la cueva de Sapta-Parana, rodeado de 1.400 arhats; a Kalika, en la isla de Tamra-Dvipa, rodeado de 1.100 arhats; a Vajriputra, en la tierra de Sinhaladvipa, rodeado de 1.000 arhats; a Bhadra, en una isla del Yamuna, rodeado de 1.200 arhats; a Kanakavatsa, en el lugar sagrado de Cachemira, rodeado de 500 arhats; a Kanakabharadvaja, en Pashchim-Godaniya, rodeado de 700 arhats; a Bakula, en Uttara-Kuru, rodeado de 900 arhats; a Rahula, en la isla de Priyangu, rodeado de 1.100 arhats; a Chudhapanthaka, en Gridha-Kuta-Parvata, rodeado de 1.600 arhats; a Pindola Bharadvaja, en Videha, rodeado de 1.000 arhats; a Panthaka, en el Cielo de los Treinta y Tres, rodeado de 900 arhats; a Nagasena, en el monte Vipula-Parshva, rodeado de 1.200 arhats; a Gopaka, en el monte Bihula, rodeado de 1.400 arhats; a Abheda, en el gran monte Himvat, rodeado de 1.000 arhats; a Upasaka Dharma-Tala, y a los cuatro reyes guardianes —Dhritarashtra, Virudhaka, Virupaksha y Vaishravana—, que mantienen bajo control a sus séquitos y protegen las cuatro puertas.
Cada estrofa terminaba con este deseo: «Bendecid al maestro para que goce de una larga vida y contribuid a que las enseñanzas florezcan».

Un representante laico de las organizaciones convocantes presentó a Su Santidad una ofrenda de mandala en señal de agradecimiento por haber accedido a permanecer largo tiempo entre nosotros. El representante principal de la comunidad tibetana de Ladakh y los representantes de la LBA y la ALGA ofrecieron los símbolos del cuerpo, la palabra y la mente del Buda. El intérprete ladakhí también presentó sus respetos. A continuación, Chering Dorjee Lakrook, presidente de la Asociación Budista de Ladakh, se acercó a saludar a Su Santidad, quien lo recibió con un afectuoso abrazo.
Después se recitó la «Oración a las deidades protectoras del Tíbet», compuesta por Su Santidad en la década de 1960. Le siguió la «Alabanza a Amitayus: la inminente salida del sol», que concluye así:
Por la fuerza de estas alabanzas y súplicas,
que se apacigüen todas las enfermedades, los espíritus malignos, la pobreza y las disputas,
y que el Dharma y la prosperidad aumenten
en las regiones donde vivimos los demás y yo.
A continuación se recitó la «Oración para el florecimiento de las enseñanzas no sectarias del Buda», que incluye los siguientes versos:
Esta es la tradición suprema y noble para practicar,
sin error, la esencia y las etapas graduales del camino,
que reúne los tres pitakas y las cuatro clases de tantra.
¡Que estas enseñanzas del Buda florezcan por mucho tiempo en el País de las Nieves!
¡Que los maestros que preservan estas enseñanzas gocen de una vida larga y armoniosa!
¡Que la sangha las mantenga vivas mediante el estudio, la meditación y la práctica!
¡Que el mundo se llene de personas de fe decididas a seguirlas!
¡Y que las enseñanzas no sectarias del Buda continúen floreciendo por mucho tiempo!
La ceremonia concluyó con la recitación de la «Oración de las palabras de verdad», que recuerda el compromiso de Avalokiteshvara, Chenrezig:
Oh, protector Chenrezig, cuida con compasión
a quienes han soportado innumerables penalidades
y han sacrificado por completo sus preciadas vidas, sus cuerpos y sus bienes
por las enseñanzas, sus practicantes, el pueblo y la nación.
Así, el protector Chenrezig formuló amplias plegarias
ante los budas y bodhisattvas
para amparar por completo el País de las Nieves.
Que los frutos benéficos de estas plegarias se manifiesten pronto.
Su Santidad se levantó de su trono, caminó hasta el borde del estrado y saludó con la mano al público. También se despidió de los percusionistas y músicos de viento congregados al pie de las escaleras. Después regresó desde el pabellón de enseñanzas hasta su residencia en un carrito de golf, sonriendo afectuosamente y saludando con la mano durante el trayecto.










